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| Descripción |
Corcubión se asienta en el fondo de su ría, que comparte con Cee, en una protegida península con un puerto muy recogido que fue el origen de este enclave pescador y señorial, en el tramo final del Camino de Santiago a Fisterra. Cuenta con una orientación hacia el mediodía que hace que posea un microclima envidiable con muchas horas de sol a lo largo del año, así como una muy buena protección de los vientos marítimos, circunstancia que favoreció su desarrollo turístico, notable en las cercanías de la Playa de Quenxe.
El pueblo creció a partir del enclave original del puerto, estirándose en línea con la costa cual arco adaptado a la ensenada aquí existente, y conformando un largo paseo de casas con hermosas galerías en las que perduran buenas muestras de arquitectura pescadora y de residencias de indianos, además de casas hidalgas blasonadas que nos recuerdan su pasado medieval como cabeza de los señoríos de Traba y Altamira.
Corcubión es un enclave muy pintoresco que se debe visitar por su estampa de
conjunto, pues ofrece toda la autenticidad y aire pescador de los pueblos
costeros gallegos. No debemos dejar de probar en el pueblo el perendengue, un
riquísimo pan trenzado con huevo elaborado con gran maestría.
Para conocer
Arquitectura civil: aunque en el casco histórico de Corcubión se debe destacar la compactidad y unidad del núcleo, hay que significar algunas construcciones civiles de elevado valor patrimonial, como los Pazos de Altamira (s. XV), Traba (medieval muy reformado), Teixeira, Dios e Pose, Castrexe y el de José Sendón, todos ellos del s. XVIII. En el siglo XIX el pueblo vivió una época de esplendor burgués gracias al auge del comercio y de los servicios que suministraba a la comarca, por lo que ha quedado constancia del poderío económico de las clases acomodadas en una serie de construcciones modernitas y de estilo ecléctico como la
Casa Miñones (1894), la casa del Antiguo Juzgado o las edificaciones burguesas de la Avenida de la Constitución, además del edificio de la Antigua Cárcel, en el puerto. Es necesario destacar también la arquitectura promovida por indianos, como el edificio José Carrera (1924), hoy Ayuntamiento, creado por este filántropo que quería dotar su localidad de nacimiento de una Escuela Práctica de Artes y Oficios.
Iglesia de San Marcos: hermoso ejemplo de templo gótico pescador (s. XV), aunque la fachada fue reconstruída en el s. XIX tras los daños de un temporal. En el interior conserva una original talla sedente de sus patrón, San Marcos da Cadeira (de la silla), de origen italiano traída por lo navegantes venecianos que frecuentaban esta costa en misiones comerciales. En el campo de la arquitectura religiosa sobresale también la Capilla del Pilar, de cronología reciente (1931), empleada en la actualidad como auditorio y espacio para la realización de actividades culturales.
Museo Marítimo Seo de Corcubión: situado al lado de la playa de Quenxe. Las instalaciones del museo se encuentran en una antigua factoría de salazón de pescado. Cuenta con una colección de más de mil piezas relacionadas con la vida pescadora y marítima de la Costa da Morte.
Villa singular
La bravura del mar de A Costa da Morte ofrece algunos
rincones de calma, protegidos y abrigados, de
hermosos y evocadores paisajes, como los que se
pueden contemplar en Corcubión acercándonos al
Castelo do Cardeal en la Punta Pión. Más adelante,
por la misma carretera, aparece el faro del cabo de
Cee, emplazado en un lugar áspero que ofrece muy
buenas vistas de los pueblos de Fisterra y Cee, así
como del Monte Pindo y del perfil recortado y rocoso
de este tramo costero. Muy cerca, siguiendo el
camino, encontramos también la Iglesia de Redonda,
hermoso ejemplo románico (s. XII-XIII) de reducidas
dimensiones pero de gran valor artístico.
No perderse
Festa de San Marcos: el día de San
Marcos, 25 de abril, es fiesta local y se
saca al patrón del pueblo en procesión
por las calles del núcleo. Es una romería
muy concurrida y con gran arraigo.
Feria Medieval: se celebra el tercer fin de
semana de julio, momento en que el pueblo
se convierte en un mercado medieval
en el cual los vecinos se visten con ropas
de época y se ofrecen productos artesanales
de cuero, madera, orfebrería y gastronómicos
en puestos de venta que llenan
las calles del núcleo.
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