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| Descripción |
La historia del pueblo, la Coelia nova romana, y de toda su comarca está ligada a la familia de San Rosendo y al Convento de San Salvador, fundado en el s. X por el santo, el cual preside el pueblo, es su principal atractivo turístico y marca completamente toda su distribución urbana. Desde su fundación, la abadía fue recibiendo diversas donaciones y privilegios que hicieron de ella el convento gallego más importante en el s. XI, extendiendo sus dominios incluso a las comarcas de A Limia, Monterrei y O Ribeiro.
El pueblo cuenta con un compacto y uniforme casco antiguo en el que es recomendable el paseo sosegado por sus tranquilas calles (Calle de Arriba, de Abaixo, de la Botica), a las que se abren numerosas casas populares de hermosas balconadas y galerías, y por sus rincones de fuerte sabor popular como la porticada Plaza de O Millo o del Mediodía.
Llama la atención la escasa altura de las casas más viejas del casco antiguo, que lo hacen muy agradable; la razón de este hecho hay que buscarla en un privilegio del convento vigente hasta 1920 que impedía que las construcciones del pueblo alcanzaran más altura que las ventanas del convento. Además, Celanova también es conocida con mucho acierto como el Pueblo de los Poetas; no en vano es cuna de literatos tan ilustres como Curros Enríquez, Celso Emilio Ferreiro y Xosé Luis Méndez Ferrín.
Para conocer
Monasterio Benedictino de San Salvador: originario del s.
X, aunque la mayor parte del que hoy se puede ver es fruto
de las reformas de los ss. XVI y XVII. La fachada del templo
monacal ocupa uno de los lados de la magnífica Praza
Maior, presidida por una fuente (s. XVI) que procede del
Claustro de las Procesiones y de la que dicen que beber del
caño que da al norte hace enloquecer. Una curiosidad es la
alineación de la puerta del edificio conventual y la de la
iglesia, cuando lo habitual es que formen un ángulo recto.
La iglesia es para muchos una de las más bellas del barroco
gallego. Obra del s. XVII de Melchor de Velasco. Tiene una
planta de cruz latina con tres naves en el brazo mayor y una
en el crucero. Destacan el suntuoso retablo del altar mayor
con cuatro voluminosas columnas salomónicas, realizado
por Castro Canseco, y los dos coros; el alto es ojival tardío
(s. XVI) y el bajo del s. XVIII, con una iconografía que relata
las vidas de San Benito y San Rosendo. En el edificio conventual
se pueden admirar dos claustros; por un lado, el
Claustro Nuevo (s. XVII), muy sobrio de líneas con un
curioso balcón sobre ménsulas, popularmente conocido
como o poleiro; con respecto al otro, más mérito artístico
presenta el Claustro de las Procesiones, decorado con los
típicos medallones y ménsulas renacentistas (s. XVI) en el
piso bajo, gárgolas y filigranas en el superior (s. XVIII). Desde este claustro se accede a una de las grandes joyas de la arquitectura prerrománica española, el Oratorio de San Miguel de Celanova, construcción mozárabe del s. X, intacta desde los tiempos de San Rosendo y dedicado a su hermano Froila, según reza una inscripción en el exterior. Presenta un reducido tamaño pero con gran armonía de volúmenes.
Otro elemento singular que se debe visitar en el pueblo es la llamada Casa dos Poetas, museo dedicado a los grandes literatos locales que está situado en la casa natal de Curros Enríquez.
Muy cerca del pueblo se encuentra Castromao, castro situado
en una colina con los restos de setenta estructuras ocupacionales
circulares y cuadradas, muralla, muros de contención
y nivelación y parte de una calle pavimentada con pizarra.
Estuvo habitado hasta el s. II d. C. y fue la capital de la
tribu de los Coelernios.
Santuario de A Virxe do Cristal: situada a medio camino de
Celanova y Vilanova dos Infantes. Edificio barroco con un
majestuoso baldaquino barroco en el interior que alberga la
curiosa imagen de la Virgen, que se encuentra dentro de un
cilindro de cristal y mide sólo cinco centímetros de altura.
Villa singular
Celanova nos ofrece la posibilidad de sumergirnos en
el más puro sabor del pasado medieval si nos encaminamos
en un corto paseo de menos de un kilómetro a
Vilanova dos Infantes, núcleo vecino nacido por la
fundación de la madre de San Rosendo de un convento
femenino. Es una hermosísima localidad que conserva
sus trazas medievales de estrechas calles que
ascienden hasta la torre del Castillo (s. XIV), ahora
transformada en Centro de Información Comarcal,
desde donde se divisa una vasta panorámica. Cuenta
la leyenda que el nombre le viene de once niños nacidos
en un solo parto, aunque la realidad es que antes
se llamaba de las Infantas, pues ingresaban en el
monasterio mujeres de la nobleza e incluso la hija de
algún rey.
No perderse
Festas de la Encarnación. Se celebran el
primer fin de semana de agosto. Incluyen
la Ramallosa, o fiesta de los Faroles,
espectacular procesión nocturna que, en
origen, era una celebración pagana dedicada
a la primavera y al verano y que ha
sido cristianizada. Para hacerla más vistosa,
la noche del primer sábado de agosto
se apagan todas las luces del pueblo.
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